Mario

En algún momento de mi vida pensé que el momento que he vivido hace pocas fechas, con la celebración de las elecciones a Hno. Mayor de Nuestra Hermandad, podía llegar. Llegó, y me dispongo a escribir a todos mis Hnos. de Soledad, la reflexión de un hermano que desde pequeño, entendió que su vida transcurriese entre sus hermanos y amigos más allegados, sirviendo a la nuestra y formándonos como cristianos en ella, condición indispensable para estar cerca de nuestros sagrados titulares.

Gracias a Dios, de la misma manera que terminó la legislatura de nuestro Hno. Antonio Romero Sánchez,  comenzamos el nuevo camino el día 13 de Junio que celebramos las elecciones del nuevo Hno. Mayor para los próximos cuatro años.

No me ha sido fácil, dada la responsabilidad que entiendo conlleva, pero desde ese día en el que tomé la decisión, asumí con toda responsabilidad mi nuevo rol, cosa que agradezco en el alma a todos vosotros, Hnos. de Soledad.

Esa responsabilidad pasa por tener a los Hermanos de Soledad alrededor de su Señor del Santo Entierro y a su Madre María Santísima de la Soledad, los tengo impresos en la retina. Jóvenes expectantes, que depositan sus interrogantes, al tiempo que rezan veteranos a los que se le humedecen los ojos cuando la miran desde la tierra y desde el cielo. Y en fin, todo ese abanico de edades de cero a cien que acudirán a la llamada de su hermandad para celebrar con gozo los 450 años de su historia.

Llegado este momento, os quiero hacer una reflexión en voz alta:

Esta Hermandad, como la mayoría de las antiguas, ha contado en sus comienzos con un grupo de familias clásicas y fundadoras de la misma, que ocupan los primeros puestos, podemos hablar de un número aproximado de doscientos hermanos, de una corporación actual de más de mil. Mi reflexión me lleva a pensar en esos ochocientos restantes aproximadamente que quedan.

LA HERMANDAD ES DE TODOS, me gustaría que el resto sintieran lo que los que estamos dentro sentimos. Para eso y como siempre a sido, tenéis las puertas abiertas, sin ninguna condición, para que llegado un momento de vuestro servicio penséis que habéis sido buenos actores de lo sucedido en la hermandad y no meros espectadores, para que nuestro fin sea el que tiene que ser, ofrecernos la posibilidad infinita de seguir construyendo esta comunidad de fe. Una comunidad activa, que celebre y viva su fe en la Hermandad. Una comunidad en definitiva, que ansíe vivir una fe verdadera y que tome conciencia encontrando a Jesús en el interior del hermano o la hermana que tenemos a nuestro lado.

En tiempos de crisis, que no dejamos de atravesar, la CARIDAD se llena de un significado especial. Practicándola, recogeremos frutos particularmente dulces, pues son plenos de GOZO, PAZ Y MISERICORDIA. Esta virtud, nos permitirá actuar sobre nuestra parroquia, aportado de nuestra parte un poco de justicia sobre la injusticia y de amor sobre el abandono. Esa acción desinteresada siempre es recíproca y al llevarla a la práctica estaremos seguros de recibir más de lo que damos.

Y para conformar con garantías esta comunidad, es imprescindible la FORMACIÓN que nos haga diferenciar claramente entre lo superfluo y lo esencial, entre lo superficial y lo fundamental.

Para finalizar quiero que sepáis que esta nueva junta de gobierno está cargada de ilusión y de ganas de trabajar en los proyectos que llevamos a cabo. Hay un gran número de acciones que queremos acometer, que os iremos explicando.

Me gustaría a partir de estas palabras, que los ochocientos hermanos aproximadamente que antes menciono, después de leer estas líneas, de cualquier  forma y manera, se incorporaran al cuerpo de servidores de esta Hermandad, porque son y serán siempre, el PATRIMONIO más importante con el que esta puede contar.

Quedamos  a vuestra disposición, un fraternal abrazo.

José Mario Jiménez Navarro